III CERTAMEN POÉTICO INTERNACIONAL AAQ 2009.

Poemas Ganadores.


 

1º Premio.

 

NADIE SE HA ATREVIDO

 

Jesus Mellado Valle.

(Madrid. España).

 

Nadie se ha atrevido a llamarme loco

aunque fuera la pista más certera

que podían seguir, han preferido

ponerme en el lugar que a cada cual

le hubiera gustado estar.

Por una obsesión que me impulsa

a cambiarme de acera y cuando

estoy en ella me empuja a ir a la otra,

ellos sólo ven una maniobra de despiste,

una estrategia técnica para dar de lado

a los enemigos que me acechan

como felinos por todas partes.

 

Ni ven, ni quieren reconocer

mi desequilibrio mental. Mi estado de

ansiedad y mi tic nervioso

son gestos en clave que sólo conocen

los agentes secretos especializados.

Cuando por mi desequilibrio

hablo sólo, piensan que estoy hablando

por teléfono, por un móvil de última

generación, nadie sospecha que voy

de mal en peor. Todos creen ver en mi

lo que ellos no han sido, lo que a ellos

les hubiera gustado ser. En lugar de

tildarme de loco que es lo que soy,

dicen que soy el tipo de hombre

que hace falta a un país.

 

Una vez por semana entro y salgo

en un elegante portal con fachada

barroca y portero uniformado en la puerta.

Accidental mente me han visto salir

con una mujer joven y atractiva y han pensado

que era mi contacto en la capital,

nadie ha imaginado que era mi psiquiatra.

 

Por eso han creído ver en ella -ojalá- en su

sonrisa dulce y en su expresión de ternura

un cómplice o un amante. Algunas veces

me alargaba un pequeño paquete y creían

que eran instrucciones secretas para un plan B.

Eran muestras de medicamentos que me

regalaba, antidepresivos y tranquilizantes.

 

2º Premio.

VIRUTAS DE COLORES

 

Yose Alvarez Mesa.

(Arnao, Asturias España)

 

Malvivo con el miedo pegado a los contornos.

Miedo de los silencios,

miedo de las palabras,

del camino cubierto con ascuas de cristal.

 

Y prefiero quedarme detrás del remolino,

viendo nacer del alma virutas de otros miedos

que llenan el entorno de parapetos blandos.

 

He plegado mis pasos a pisadas ajenas

y esparcido en el mar mis días de agua dulce.

 

Por una simple paz de fantasía,

por no asomarme al vértigo,

por el temor de hallar detrás de algún espejo

virutas de colores.

 

* * *

 

Se ha roto el eco del suspiro:

alguien abrió la puerta al vendaval.

 

He puesto en la pared los restos del naufragio

y dibujado en el gesto un atisbo de asombro,

muerto en las postrimerías del impacto.

 

He vuelto al huracán sin proponérmelo;

me ha arrastrado el impulso de unos ojos

que arañaron la luz del despertar.

 

* * *

 

Las lenguas de los árboles acarician la noche

y en la ventana     el viento

clava sus dedos de vigilia.

 

Este momento hueco es accesible y cálido

y una erecta presencia se introduce en la espera.

 

El espejo se cubre de ansiedades desnudas

y los labios,          volátiles,

se diluyen al más leve contacto.

 

Las horas juegan a recorrer minutos

de los que van quedando desprendidos del alba.

 

Y un rastro de saliva

dibujado en el mapa sinuoso de tu vientre

se evapora al sol del mediodía.

 

El sueño nos visita.

 

* * *

 

Y con un golpe de mar

            tumbo la noche

para abrirte refugio en mi ensenada.

 

Ven,                cruza los arrecifes,

sobrevuela el olor de la resaca

y espera junto a mí

            la pleamar.

 

 

3º Premio.

Punto final.

Ricardo Antonio Sánchez Lara.

Maipu, Santiago, Chile.

Se acabó,

por hoy cierro el circo y dejo de contar autos en la calle hasta llegar al número doscientos treinta y cuatro,

hoy camino hacia atrás y dejo de esperar el futuro.

 

Se acabó,

por hoy saco de mi mano tantas manos que se pusieron sobre las mías,

tanto ojo cerrado mirando cualquier cosa para adentro de mis ojos;

desde hoy clausuro todos mis antes y mis ayeres,

se acabaron las momias y los mimos,

los guiños y los años.

 

Por hoy no digo nada más que silencio;

vacío,

estruendo.

 

Hace dos horas dejé de ser hombre,

hace dos horas los años comenzaron a medirse en muertes y naufragios,

hace dos horas el tiempo comenzó a medirse en olvidos y tristezas;

en soledad,

en desgano.

 

Basta.

Por hoy dejo las manos puestas en cualquier muchacha,

me sumo al grito desesperado, al vaivén y al no vengas.

 

Basta, hace dos horas que dejé de ser un muerto más,

hace dos horas fumé por penúltima vez,

hace dos horas hubo dos horas, las hubo pero qué importa;

ya pasaron y yo digo basta, se acabó.

 

Los hombres se odian y el miedo nos mira con miedo,

la noche se apaga y la tristeza es el mejor de los lugares comunes,

al menos desde hoy y hace más de dos horas,

el miedo es el  mejor lugar común.